Cuando Ana despertó quiso volver a cerrar los ojos. Julia estaba sentada en el asiento cercano a la cama. Parpadeó, <<¿Estaba soñando?>>, un pellizco rápido en su antebrazo seguido de su propia mueca le señaló la respuesta acertada, ya había despertado. Con disgusto apartó la vista de aquellas perfectas facciones que odiaba y se dispuso a captar una visión panorámica del lugar, el cortinaje blanco e inmaculado así como la mesilla a su derecha le indujo a pensar que se encontraba en la enfermería de el arcan. Conocer el lugar le había dado más seguridad en sí misma, así pues, ofreció la voz sonora a sus pensamientos:
-¿Qué haces aquí?-recriminó a la joven rubia. Ella hizo una mueca de decepción y Javier avanzó hacia la cama y murmuró con urgencia:
-¿No lo recuerdas?-Ana dedicó a su amigo una mirada incrédula pero sólo duró un segundo, las piedras de la realidad cayeron de golpe a su espalda. Abrió mucho los ojos. ¿Era cierto lo que recordaba o se había vuelto una demente?. Se incorporó en la cama e hizo memoria.
-Estaba caminando... y-pronunció en voz alta, a continuación fulminó con la mirada a la joven rubia y masticó con desprecio:-ella me empujó y entonces se río...-la mirada de Ana se cubrió de extrañeza.-pero me giré y estaba junto a la ventana..., no, estaba frente a mí...-se contradecía acompañada de movimientos de cabeza, finalmente llegó a una conclusión-se burlaba de mí.
Se oyó un suspiro.
-Será mejor que me vaya-decidió la muchacha que hasta entonces había permanecido sentada. Javier desvió la mirada de Ana apenas un segundo para escuchar las palabras de la joven-Dile que en cuanto se encuentre mejor tiene que ir al despacho de la directora.-Javier asintió y en cuanto su compañera en la espera salió por la puerta, miró con decepción a Ana:
-Me encanta tu forma de hacer amigas-murmuró.
-¿Qué quieres decir?-casi exclamó Ana.-¿Desde cuándo Julia es mi amiga?.
-No lo entiendes, ¿verdad?-Javier sintonizó una carcajada. Ana negó con la cabeza, sus ojos delataban confusión.
-¿Ha sido una pesadilla?-parecía insegura, aferró con fuerza la sábana-Dos...¿do-s Ju-li-as?-tartamudeó pero su rabia por Julia le hizo recobrar la fuerza-¿Qué clase de juego es este?.
-Tranquila.-susurró Javier.
-¿Tranquila?-los ojos de Ana parecían fuera de sí-¿Me estoy volviendo loca?-se llevó las manos a la cabeza.
Javier que había parado de reír dibujaba en sus labios una sonrisa amable y deshizo la postura de alarma que había adquirido su amiga. Señalando con la barbilla hacia la puerta, como invocando a quien minutos antes les había dejado, añadió-Se llama Carla.
-¿Esto es una broma?-Ana se empeñaba en buscar la cámara oculta. Tal vez toda su vida en el arcan había sido eso, simplemente un engaño.
-No Ana, existe una explicación lógica. La chica que acaba de salir por la puerta se llama Carla Escribano.-Ana se quedó muda. Su mente tras el shock comenzó a activarse de nuevo, los engranajes de ese reloj llamado cerebro iniciaron su ordinario movimiento y entonces una posibilidad cruzó cual estrella fugaz los pensamientos de Ana.
-¿Por qué no me lo dijiste?-Ana se sentía ridícula, abochornada.
-Ella quería permanecer en el anonimato, ya es demasiado duro para ella tener la misma cara que Julia para que constantemente se lo estén recordando ¿Sabes lo incómodo que debe ser que te comparen continuamente con alguien?-Javier frunció los labios-la gente había dejado de pensar en eso, no la molestaban y se habían acostumbrado a ello, pero entonces tú la has hecho salir otra vez a la luz. Le va a costar volver a la oscuridad y la tranquilidad. Dudo que te lo perdo...
La enfermera vino y su interrupción acabó con la conversación.
-Javier deja que la señorita se reponga.-le reprimió al muchacho con cariño. Javier asintió y se dirigió por última vez a Ana:
-Te espera la directora Ossorio, ordena tus ideas y no la hagas esperar.-y se marchó.
Poco a poco Ana iba asimilando los hechos, aunque había mucho que debía rememorar para ello. Era consciente de que aquel descubrimiento ponía aquel mundo llamado Arcan del revés.
**
De camino al despacho de la directora, Ana reflexionó sobre su posición actual. Todo lo que se había propuesto en aquel colegio era pasar desapercibida y, sin embargo, sus propios nervios la habían traicionado. La beca que le había llevado hasta allí era fruto de su esfuerzo y constancia, siempre había mantenido la calma y nunca había sido de esas chicas que con actitud gamberra vacilan a los profesores o a sus propios compañeros. Siempre fue de las calladas que atienden en clase y de las que únicamente hablan tras levantar la mano para satisfacer sus inquietudes. No obstante, desde que había entrado a el arcan, ese ambiente tóxico de olor a dinero perfumado con soberbia la estaba contaminando. Estaba sacando sus peores partes, y su alma tranquila se rebelaba haciendo despertar sentimientos como el odio y la rabia. Podría haber callado a cada palabra o mirada de desprecio pero ya no era una niña, ya no podía soportarlo, de todas sus vivencias anteriores, de todos los acosos pasados, había aprendido que no debía dejarse hundir por nadie y que aquellos que con la mirada pretenden comerte tienen como todo hombre sus propias inseguridades. Ella no era peor que aquellos que elegantemente alzaban la cabeza creyendo que su alrededor estaba plagado de hormigas. Es más, la razón por la que ella estaba allí no era económica, era el sudor y la aspiración de superación la que le había llevado hasta allí y la que la alejaba de todos aquellos que no habían logrado nada en su vida por ellos mismos. Así pues, abrió la puerta con determinación y un nuevo paraje de el arcan se abrió ante ella.
La directora Ossorio la esperaba con los brazos cruzados sobre una gran mesa escritorio de roble oscuro. Sobre ella, Ana perdió la mirada en un cuadro de corte antiguo, como esos cuadros que aparecen en los museos y componen el retrato de un personaje importante, un hombre le sonreía desde él. El hombre se encontraba sentado con las manos sobre el regazo y la mirada perdida, mirando más allá. Ana no podía imaginarse la visión del hombre pero sí podía atisbar en ese dibujo de sus labios cuanto le complacía. Hubo algo en sus facciones cuadradas que le pareció familiar pero al parpadear de nuevo esa ilusión se diluyó. Volvió a la realidad.
-¿Piensa quedarse ahí todo el día?-preguntó la directora. Ana salió de su ensimismamiento, soltó el pomo, cerró la puerta y avanzó hacia el escritorio-Tome asiento señorita Robles-pero más que una orden Ana denotó un halo de amabilidad. Se sentó en el asiento que no estaba ocupado y que la había esperado durante largo tiempo, a su izquierda observó el perfil de las facciones de Julia pero una mirada de soslayo fue suficiente y devolvió de nuevo la vista a la directora.
La directora Ossorio no debía sobrepasar los cuarenta y cinco años, al menos en cuanto apariencia. La vejez se había manifestado en las pequeñas arrugas que conservaba en la frente pero que no tenían ocupación en otro lugar de su rostro. Era morena, con el cabello recogido en un moño perfecto, y bajo un traje de chaqueta y falda larga de tubo azul oscuro se advertía una figura delgada pero no frágil, robusta, símbolo de una mujer que ha sido madre. Pero de aquella mujer, fueron sus grandes ojos azules los que más inquietaron a Ana.
Ana se sintió pequeña y descubrió como su voluntad férrea decaía. La directora comenzó a hablar.
-Señorita Robles, se me ha informado de que usted ha tenido un comportamiento inadmisible en la escuela. La versión oficial señala que ha mantenido una disputa física con su compañera, aquí presente. He oído incluso que usted ha querido agredirle. Como sabe este no es colegio para gente problemática y no vamos a consentir que alguien nuevo y externo hasta ahora al colegio dañe a una de sus alumnas más veteranas y excepcionales. ¿Debo creer lo que dicen y expulsarla del colegio? ¿Debo anularle la beca? ¿O quizá permitirle seguir aquí tras el pago de una multa?- Ana se estremeció, la directora Ossorio la escudriñaba con sus ojos de lince parecía esperar una reacción en Ana, pero de forma contraria a sus propósitos a la señorita Robles le comió la lengua el gato, así pues prosiguió.-Se me ha informado que ha tenido un comportamiento cruel con otros alumnos, han señalado la vulgaridad y las amenazas como parte de su actitud, y se la ha calificado como irascible y neurótica. ¿Está de acuerdo?-inquirió de nuevo a la alumna.
Ana había bajado los ojos ante la intimidación de aquella mirada azul. Se sentía hundida, intentó evocar toda la rabia que había contenido desde su primer día en el arcan, levantarse del asiento y soltarle a aquella mujer la verdad sobre la clase de personas malvadas y sin corazón que estaban educando, reconocerle que ella podría ser pobre pero tenía más corazón y valor que aquellos que maldecían en su nombre. Simplemente, abrirle los ojos aquella mujer o buscando una mayor precisión, la mente.
Pero esa rabia había desaparecido, en su lugar había quedado ese sentimiento detestable que no debería existir, la impotencia.
Ana permaneció muda.
-¿No tiene nada que decir? ¿Piensa defenderse con el silencio?-La directora insistía. Ana pensó en las noches en vela estudiando para sacar una beca, pensó en la cara de alegría de su madre cuando se la concedieron y una imagen fugaz pero destructiva le rompió el corazón: la decepción de su madre cuando descubriera que su hija, su buena hija, aquella de la que estaba tan orgullosa, había echado a perder sus estudios de una forma deplorable. Sacó voluntad para hablar:
-No es verdad.-todavía no tenía valor para mirar a aquella mujer directamente a los ojos.
-¿Cómo dice?-se hizo de rogar la directora. Ana pronunció con más fuerza:
-No es verdad.
La directora sonrío complacida.
-Lo sé-murmuró-La señorita Escribano me lo ha explicado todo.
Entonces Ana dirigió una mirada aquellas facciones algo más redondeadas que las de Julia.
-Se sorprenderá pero la iniciativa de becar a alumnos sin recursos es enriquecedora para ambas partes. El colegio da oportunidades a personas dotadas de inteligencia y esas personas ofrecen al colegio interés por aprender y humildad. Humildad un sentimiento que se olvida en las esferas más altas del orgullo. Lo último que deseo es que se sienta incómoda en este colegio. Deseo hacer de este proyecto algo más grande y crear un mayor número de becas en el futuro. Usted es uno de los conejillos de indias, de los primerizos e implantándose en un curso de adolescentes es normal que sufra dificultades de adaptación. Este año hemos iniciado este proyecto y me quiero asegurar personalmente de que funcione. ¿Ha tenido problemas?-su ojos inquisitivos hicieron bajar nuevamente la mirada a Ana. No podía confesar la verdad, no deseaba ser una "chivata" pero algo le importaba mucho más, sabía que si declaraba la guerra a la nobleza su expulsión sería definitiva, sería el final aunque aquella buena mujer supusiera un gran obstáculo, no sólo lo sabía, lo sentía. Ana era inteligente, detrás de la directoria Ossorio debía haber una corte de consejeros cuya opinión podía no ser tan tolerante. Y si se habían inventado aquellos rumores no deseaba saber las barbaridades de las que podrían acusarle.
-No-mintió Ana-Por ahora el único problema ha sido este.
-No te preocupes, la señorita Escribano ha asumido toda la culpa.-dijo señalando con la cabeza a la joven rubia que les acompañaba. -Pueden marcharse y si vuelven a tener problemas no duden en pasarse por el despacho.-levantó un fajó considerable de folios ordenándolos sobre la mesa y ambas alumnas se levantaron para marcharse.
**
Ana cerró la puerta a sus espaldas y antes de que su compañera pudiera alejarse alzó la voz:
-Espera.-La joven se giró y la observó con curiosidad. Ana avanzó hasta ponerse a su altura, ambas prosiguieron el camino:
-Gracias.
-¿Por qué?-respondió la joven.
-Porque no has hecho nada por perjudicarme.-la muchacha rubia comprendió que aquella gratitud era sincera y no pudo evitar sonreír.-Sé que he sido brusca contigo...-continúo Ana-Pero has demostrado que no eres la persona que creía que eras.-Nunca aquellas palabras habían tenido un sentido tan literal.
-Soy Carla-murmuró la joven rubia y tras ello se dispuso a marcharse por un corredor que se abría a la derecha.-Hasta otra.-Ana correspondió a la despedida con un gesto de cabeza.
**
Ana intentaba encajar la presencia de Carla en sus recuerdos cuando tropezó con una escena romántica, no pudo evitar pararse en seco.
Pablo cogía la mano de Cayetana entre las suyas y le pedía perdón. Ana parpadeó, conocía el romance entre ambos, era demasiado evidente cuando Pablo utilizaba el descanso entre clase y clase no para sacar los libros de la taquilla sino para estampar contra una de ellas a su querida Cayetana y dedicarle cada respiración.
-Cayetana fue sin pensar.. olvídalo-le pedía mientras ascendía una de sus manos a modo de caricia partiendo de su hombro para asentarse en su mejilla. Ana no creía en sus caricias porque se negaba a aceptar que alguien tan cruel pudiera tener sentimientos. Pero Cayetana parecía débil ante esos ojos azules que le observaban a través de unas gafas de pasta negra y que prometían, prometían lo imposible.
Pablo desvió la mirada unos segundos de su amante y rápidamente Ana empleo medio segundo para esconderse detrás de unas taquillas próximas rezando por no ser descubierta. Respiró profundamente cuando reparó en que su gran "amigo" volvía a las andadas.
-Me dejaste...-susurró Cayetana apunto de romper a llorar-dijiste que estabas cansado...
-Me equivoqué-murmuró Pablo-No supe lo que era tenerte hasta que te perdí.-la carencia de profundidad de sus palabras disfrazada por un tono seductor no pasó desapercibido para Ana que puso los ojos en blanco, no obstante, derritió a Cayetana que acto seguido se dejó conquistar con un beso. Esa evasión de ambos suponía para Ana la ocasión perfecta para pasar sin ser vista. Sin embargo, alguien irrumpió en la escena.
-¡Cayetana!-exclamó el nuevo personaje que entró a escena. A Ana se le despertó el fuego de la rabia al oír aquella voz, se asomó a través de las taquillas y descubrió la figura y facciones perfectas de Julia.
Cayetana detuvo el beso y se giró a su amiga.
Julia se serenó y le habló con ternura:-Tu hermano te busca, está en la primera planta cerca de la secretaría.-Cayetana asintió y se marchó dirigiendo una última mirada anhelante a Pablo.
-Pablo-murmuró con desprecio Julia en cuanto se fue su amiga.
-¿Qué quieres Julia?-le desafío él.
-Eres un miserable-golpeó las palabras al rostro del joven.-El viernes estuve toda la tarde con ella en el club, ¿Cómo se te ocurre dejarla? Con excusas baratas y absurdas.
-Las cosas cambian-se defendió él.-Necesito aire.
-Pero la única persona que sufre es ella. Sois una pareja épica para el arcan y por eso los chicos no se acercan a ella. Pero no dudes que si vuelves a hacerle daño, otro chico aparecerá y será demasiado tarde para ti. -sentenció. Y dicho esto Julia le dio la espalda y siguió los pasos de su mejor amiga.
Ana decidió que no deseaba esperar más y cuando por el rabillo del ojo comprobó que Julia estaba lejos entró en escena. No dudaba de cual sería su papel, el de clown, el de bufón de esa corte absurda que se hacía llamar nobleza.
Y así fue, Pablo lanzó la flecha en cuanto el ave formó parte de su campo de visión.
-Contigo quería hablar-murmuró aproximándose a Ana. Ella puso cara de pocos amigos y el la estampó contra una taquilla, <<Qué manía tiene este chico de estampar contra una taquilla a las chicas>> pensó. El ave había quedado enjaulada en la prisión del cazador.
-¿Qué quieres?-preguntó Ana mirando a Pablo a los ojos. Se ruborizó sin querer y por un minuto entendió el hechizo que dominaba a Cayetana, eran unos ojos como el mar, unos ojos para perderse.
-¿Qué le has dicho a mi madre?-aquel descubrimiento rompió el encantamiento.
-¿A tu madre? ¿La directora Ossorio es tu madre?-El lanzó una carcajada pero más que agradable fue salvaje.
-Se nota que no tienes ni idea de las normas de este colegio-apuntó con desprecio.
-Si dejarás de comportarte como un matón no tendría que contarle nada sobre ti-soltó Ana de forma impulsiva. A él le hizo gracia y la liberó, no obstante, Ana siguió con la espalda pegada a la dura y fría taquilla.
-Muerdes ¿eh?-bromeó Pablo. Ana pensó por un instante que no era tan desagradable, igual podría llegar a algún acuerdo con él a base de raciocinio.-¿Qué le has dicho?
-Nada-respondió Ana. Pablo le miró a los ojos, la creyó y se marchó y Ana siguió largo rato pegada a la taquilla de la que se separó con esfuerzo.
**
Otro día comenzaba en el arcan, la dibujante estaba concentrada en realizar complicadas circunferencias dictadas por Nadia cuando un avión que hacia cinco segundos que había salido de un aeropuerto dorado aterrizó encima de sus circunferencias. Se sobresaltó, pero nadie pareció notarlo. Cuando abrió el avión de papel y miró el reverso se quedo petrificada como si los ojos del joven dibujado frente a ella tuviesen el poder de hipnotizarla. Ella sabía que esos ojos eran azules pero eran oscuros y mucho más profundos que los de Pablo. El retrato era el busto de un joven, las facciones de un violinista. Sin embargo, no era un dibujo original sino una fotocopia, la dibujante puso mala cara y miró hacia atrás, alguien la esperaba con una deslumbrante sonrisa. Disparó con la mirada a Hugo. El día anterior por primera vez en mucho tiempo se habían vuelto a mirar a los ojos, ella lo hubiera dado todo por ser invisible de nuevo para él. Devolvió su mirada al dibujo y descubrió un apunte a pie de página: "4 h en los vestuarios de ayer."
Empezaban tiempos turbios para la dibujante.