martes, 11 de septiembre de 2012

Capítulo 5

Se dirigía al departamento de arte. Debía hablar con el actual coordinador para solicitar nuevos materiales. Y, sin embargo, en el momento en el que atisbó la escena que se dibujaba al otro lado del cristal, se paró en seco. Hugo Doyle hablaba amigablemente con el jefe del departamento y le tendía una hoja. A la dibujante se le heló la sangre.

-¿De verdad no sabe a quién pertenece?-le preguntó perseverante Hugo.
-No-murmuró-Aunque hay una gran madurez en los trazos-comentó-es obra de alguien que lleva tiempo en ello.-Hugo perdía la mirada pensativo.-Si quiere puedo quedármelo y...
-¡No!-cortó de forma rotunda el joven y se lo arrebató de las manos-Queda claro que no me ha dicho más de lo que ya sabía-inspiró-si averigua algo, envie a alguien a buscarme.

El joven salió por la puerta y la dibujante se pegó al cristal y aguantó la respiración. Cuanto deseaba usurparle esa hoja de las manos. Por ahora, solamente podía refugiarse en su capa de invisibilidad, y pasar desapercibida.


 
**
Ana respiró hondo y alzó la vista de la tarjetita que llevaba en una de sus manos. Frente a ella, una mansión de corte contemporáneo se erguía.

Tocó al timbre.

-¿Quién es?-se oyó una voz de mujer.
-Ana-respondió-Soy...-sonó un click y la puerta se abrió.
-Bienvenida a la casa de los Escribano-murmuró aquella voz. Ana parpadeó, estaba siendo observabada a través de la cámara que había sobre el timbre. Empujó la puerta hacia dentro e introdujo junto a ella la bicicleta que la había conducido hasta allí. La parte rica y privilegiada de la ciudad.

Un breve trayecto de césped sintético y camino pedregoso le hizo observar mejor el hogar de Julia.
Constaba de dos plantas rectangulares adinteladas por un material color madera que sobresalía en forma de cornisa en ambos pisos. De esta forma, el color ocre contrastaba de forma armónica con el sillar regular blanco como dos elementos combinados. Los grandes ventanales y la amplia terraza del primer piso no hacían más que afianzar su aspecto innovador. Toda ella destilaba lujo.

Tragó saliva y descendió la vista, no debía dejar que aquella casa la intimidara.

Una mujer de unos cuarenta años la esperaba en la puerta con una sonrisa:
-Bienvenida señorita-comunicó, y Ana reconoció la voz que había escuchado por el interfono.

 La mujer se llamaba Adelaida y era la asistenta de la casa. La guió hasta un cobertizo en la parte posterior y Ana dejó escapar una exclamación de asombro al descubrir allí una piscina de tamaño olímpico.

-Por aquí señorita-murmuró Adelaida al ver que Ana se había detenido. Ana asintió y ambas se acercaron a un pequeño trastero abovedado. Tras guardar allí la bicicleta volvieron a la entrada principal.

Ana reparó en la vestimenta de Adelaida, un traje de empleada azul marino con bordados níveos. Incluso su moño estaba recogido de forma impecable. Al traspasar la puerta de la casa, su vista se trasladó de criada a señora. Julia descendía las escaleras del vestíbulo con exasperación.

-Hola-musitó Ana. Julia la miró y pronunció:
-Llegas diez minutos tarde-Ana se quedó pálida pero pronto volvió a la normalidad-Vamos a subir a mi habitación porque Adel tiene que limpiar la planta baja.

En ese mismo instante, se oyó el sonido de una canción sonar progresivamente con mayor intensidad en la planta superior. Ana la reconoció, las cuatro estaciones de Vivaldi.

-Espera aquí-le ordenó Julia que resopló y subió las escaleras veloz. Acto seguido, desapareció en la planta de arriba.

Era raro para Ana ver a Julia con otra ropa que no fuera el uniforme. Portaba unos vaqueros y una camisa blanca pero aún así lo lucía con estilo. Se miró los zapatos avergonzada, a ella no le había dado tiempo a quitarse el uniforme.

Minutos después, Julia regresó. La música había cesado.

-Sígueme-dijo, Ana obedeció y se encaminó escaleras arriba. Fue entonces cuando descubrió que la música solamente había disminuido, volaba acariciando el aire desde la habitación del fondo del pasillo. ¿Qué habría tras aquella puerta? Permanecía entornada dejando escapar tenues sonidos. No obstante, Julia se internó en una de las primeras puertas.

Una segunda exclamación ahogada formularon los labios de Ana al contemplar por primera vez la habitación de Julia. Era como tres veces su habitación. Una mayúscula cama con dosel, una espaciosa mesa escritorio con dos sillas y una cómoda la componían y, a su vez, se abrían tres habitaciones: un baño, un ropero y un balcón.

Ana ya había olvidado la música. Julia examinó su habitación con determinación.

-Ponte cómoda-sugirió Julia-ahora vuelvo-anunció, un interrogante se reflejaba ahora en sus ojos verdes.

-¿Puedo ir al servicio?-casi susurró Ana antes de que Julia diera media vuelta. Ella asintió con un gesto de cabeza y se desvaneció de nuevo.

**

Cuando Ana salió del baño pensó que en cualquier momento se desmallaría ante tanto lujo. Con curiosidad, se había detenido a mirar las miles de cremas que Julia tenía sobre la cómoda del baño, así como los perfumes. Las excepcionalidad de las primeras marcas hizo viajar a la mente de Ana aquellos anuncios televisivos que modelos famosas protagonizaban. Pero, al tener entre las manos una botella de 50ml de channel nº 5, no pudo resistir la tentación de vaporizar aquella tradicional fragancia y olerla por primera vez. Rocío una diminuta gota sobre la muñeca, esperó unos segundos e inspiró. Un aroma fuerte impregnó sus fosas nasales. <<Limón>> pensó. La devolvió a su sitio con rapidez y se arrepintió. No estaba bien tocar sin permiso las cosas de los demás.

Se sentó en una de las sillas del escritorio y esperó. De improviso, escuchó un fuerte estornudo.

-¿Julia?-preguntó al silencio Ana. Se oyó el ruido de una percha caerse y ella dirigió la mirada hacia el vestidor. Inesperadamente hubo respuesta. Julia salió por la puerta, llevaba consigo una falda de raso grisácea, una camisa blanca y unos zapatos:

-¿Algún problema?-dijo de forma seca.-Ana no contestó.

-Tengo que llevar un momento esto al otro baño, en este no funciona el agua caliente.-se explicó Julia con seriedad. Pese a aquella interpretación aparentemente imperturbable, Ana percibió nerviosismo en Julia.

**

Dejó encima de la cómoda del pasillo durante unos segundos la ropa que transportaba mientras tecleó en el teléfono. Cuando la línea ya comunicaba en su oído, asió de nuevo la indumentaria y avanzó por el pasillo:

-Casa de los Doyle-habló una voz al otro lado.
-Podría ponerme con Hugo, por favor-pidió.
-Espere un momento señorita-declaró. Tres parpadeos después, una voz varonil preguntó:
-¿Quién eres?-la muchacha respiró hondo y pronunció:
-Julia.

**

Por fin, Julia retornó para no marchar. Cargaba sobre un hombro su bandolera y en una de sus manos aferraba con fuerza el teléfono móvil. Dejó ambas cosas sobre la mesa y sacó sus apuntes, Ana la imitó.

Leyeron por encima las figuras retóricas e iniciaron su andadura con el análisis métrico de poemas y las preguntas guiadas para el comentario. Debían analizar y comentar un fragmento del poema del Mio Cid y un ejemplo de el conde lucanor. En una de las hojas ponía los pasos a seguir.

Sólo iniciaron una breve disputa a la hora de valorar en común el ejemplo. Éste era el número X y versaba sobre dos hombres que habían sido muy ricos, al final uno llega a tal pobreza que come altramuces, entonces éste mira atrás y repara en que el otro hombre, antaño más rico que él, se estaba comiendo las cáscaras que despreciaba. Los versos de Don Juan Manuel rezaban al final del cuento "Por pobreza nunca desmayéis / pues otros más pobres que vos hallaréis".

-No estoy de acuerdo con el cuento-murmuró Julia-Habla de resignación y conformismo.
-Pero es que no pueden cambiar su situación-explicó Ana- y deben ser felices con lo que les ha deparado la vida, pensando que hay otros en peores circunstancias.
-Si se conforman sin más, no son dueños de su vida.-defendía Julia. Ana suspiró.
-Es una moraleja relacionada con las desgracias. A veces son consecuencias de decisiones, pero otras, no están en nuestra mano...
-Todo está en nuestra mano-la contradijo Julia.-A veces se me olvida el complejo de inferioridad que tenéis los pobres y vuestra moral del rebaño.

Por suerte, Adelaida hizo que la paz reinara de nuevo en la habitación irrumpiendo con una bandeja de pan rebanado integral. Untado sobre él había queso y lonchas de salmón, un ramillete de perejil decoraba un lado del plato. Para beber una jarra de cristal con zumo de piña y una botella de nestea.

-Señorita Ana, si no le agrada puedo preparar otra cosa-propuso la asistenta.
-No se preocupe-sonrió Ana-tiene una pinta deliciosa.


**

Ana entendía la manera de pensar de Julia, pero no la compartía. Para ella, todo parecía ser posible y todo estaba en nuestra mano. Tal vez podamos elegir, no obstante, a veces no tenemos opción. Ser un joven rico y talentoso puede hacerte sentir poderoso, un Dios. Y, sin embargo, a veces para ser feliz debes aprender a valorar tu vida, puede que en ella no hallan grandes joyas, despanpanantes descapotables y mansiones monumentales. Pero puedes ver el sol cada mañana, abrazar a un ser querido, dormir bajo un techo y comer cada día. Esas pequeñas cosas son las que verdaderamente importan, el resto es secundario y prescindible.

Ana estaba segura de que Julia no había conocido la palabra fracaso y que jamás podría vivir más allá de cuatro paredes de diamantes.

Terminaron el trabajo y Julia acompañó a Ana hasta la puerta.

-Ya sabes-le comentó-Nunca has tenido la suerte de estar aquí-Ana la fulminó con la mirada.
-¿Por qué eres tan desagradable conmigo?-se atrevió.
-Te has codiciado con la chusma y tener cerebro te hace creer que te diferencias de ella, que puedes vivir a mi nivel-Julia la miraba fijamente-tal vez, por un momento hoy hubiera podido olvidar de donde vienes,-se rió- pero seamos realistas, has demostrado que eres chusma al ponerte una gota de mi channel nº5-a Ana se le tiñeron las mejillas de rojo-No has podido resistirlo ¿no? Sentirte por una vez importante, femenina, poderosa...-la crueldad teñía los ojos verdes en los que se reflejaba Ana-Y sentirte impotente al saber que jamás llegarás a ser esa persona.
-¿Has terminado?-preguntó con fingida indiferencia Ana. Julia sonrió.
-Deberías saber que channel nº5 es uno de los perfumes que más tiempo perduran y con un olor fuerte, una sola gota basta- Ana no respondió, dio media vuelta y se marchó con la cabeza alta, había permitido que la humillara, no iba a permitir que le afectaran sus palabras.




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